Hay objetos de uso diario que poco a poco han ido desapareciendo debido a que los avances tecnológicos los han vuelto obsoletos. Uno de ellos es la máquina de escribir. Todavía recuerdo el sonido del martilleo rítmico de su teclado, el movimiento y retorno del rodillo del papel. La primera que tuvimos en casa fue una máquina marca Royal, grande, gris y aparatosa. Parecía maquinaria industrial de una fábrica, era ordinaria y tosca. Esta era manual y tenía que corregir con corrector líquido mis muchos errores gramaticales y ortográficos escritos a dos dedos. Esta fue la que usé para mis primeros trabajos de la universidad hasta que pude comprar una en "Layaway" en Sears de Plaza las Américas. Para llegar al centro comercial, tenía que tomar varias guaguas públicas desde el campo donde vivía en Guaynabo. Todo era tan trabajoso en esa época que la mañana en la que pude saldar y retirar el artículo, salí del departamento de servicio al cliente de la tienda con un sentimiento de logro. Y no era para menos, era una máquina de escribir eléctrica marca Smith-Corona con su estuche, todo en un elegante color azul cielo. Era toda una belleza americana, que parecía imitar la sensualidad del diseño italiano de las Olivetti.
Algunas de las principales marcas de máquinas de escribir incluyen IBM, Smith-Corona, Royal, Olivetti, Underwood, Remington, Brother, Olympia, Adler y Hermes. Estas marcas representaron la cúspide de la tecnología de escritura durante décadas, ofreciendo una variedad de modelos que se convirtieron en elementos comunes tanto en oficinas como en hogares alrededor del mundo. Cada una tenía sus propias características distintivas y contribuyó de manera significativa al legado de las máquinas de escribir en la historia de la comunicación escrita. Recuerdo que el martilleo de mi Smith-Corona no era tan ruidoso como el de otras marcas que había usado. Las máquinas de escribir, ya sean manuales o eléctricas, presentan algunas ventajas sobre las computadoras en ciertos aspectos. En primer lugar, en el caso de las manuales, su funcionamiento no depende de la electricidad ni de la tecnología digital, lo que las hace útiles en países como Puerto Rico donde el suministro eléctrico es limitado o inestable. Además, su diseño mecánico simple y robusto las hace menos susceptibles a fallas mecánicas y virus informáticos, lo que garantiza una mayor fiabilidad y durabilidad a largo plazo. Las máquinas de escribir también ofrecen una experiencia táctil única y pueden proporcionar una sensación de conexión y de logro más directa con el acto de escribir, lo que algunos usuarios prefieren por razones estéticas (podían ser utilizadas como artículos decorativos) o sentimentales. Además, su simplicidad de uso puede resultar menos intimidante para algunas personas, especialmente aquellas que no están familiarizadas con la tecnología digital. Para finalizar, creo que algunas personas todavía no han querido renunciar a sus máquinas viejas de escribir porque estas les permiten evitar todas las distracciones que trae consigo internet.
Dido Elizabeth Belle (1761-1804) nació como esclava en las Indias Occidentales Británicas, hija de una esclava africana llamada Maria Belle y el capitán John Lindsay, un oficial naval británico. Lindsay la llevó a Inglaterra en 1765 y la confió a su tío, el conde de Mansfield, y su esposa, para que la criaran. Dido fue educada y criada como una mujer noble en Kenwood House, Londres, junto a su prima Elizabeth Murray. A pesar de su origen como esclava, Dido fue tratada con cariño por los Murray y se le brindó una educación adecuada. A medida que crecía, asumió responsabilidades en la propiedad, como administrar la lechería y el corral de aves, y también ayudaba a su tío en la correspondencia. Su tío, Lord Mansfield, como Lord Jefe de Justicia, dictaminó en 1772 que la esclavitud no tenía precedente en la ley común de Inglaterra y no estaba autorizada por las leyes positivas. Aunque esto no condujo a la abolición inmediata de la esclavitud, fue un paso significativo en ese sentido y ...

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