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Mi encuentro con Leopoldo Torre Nilsson: Las trampas de la memoria.

Definitivamente, la mente humana tiene sus misterios y puede jugarnos alguna que otra mala jugada. Los sucesos son los sucesos, pero la memoria no siempre es fiable; algunos recuerdos son solamente pequeños trazos de humo y nada más. A principios de la década del ochenta del siglo pasado, asistí a la noche de apertura de un ciclo de cine argentino que iba a llevarse a cabo en el anfiteatro de la Universidad Interamericana, recinto metropolitano de San Juan. Fui el primero en llegar y estaba un poco ansioso, aunque no sabía porqué. Todo estaba en orden y la organización del evento fluía con la precisión exacta de un reloj. Después de un tiempo, cuando el sol comenzó a ponerse, llegó una señora un poco gruesa con una piel tan pálida que hacía un contraste chocante con el negro azabache de su cabello pintado. A pesar de todo, era una mujer guapa. Amablemente me saludó y punto seguido se colocó cerca de la puerta de entrada. Luego, llegó un simpático señor calvo, el segundo en llegar. Se acercó a mí con un sonrisa y un fuerte acento porteño argentino. Me preguntó sobre la película que se presentaría y si ya había visto "Los siete locos". Le respondí que no la había visto, pero me dejaba llevar por la buena fama del director, la película prometía ser buena, además, ya que había leído la novela homónima de Roberto Arlt. Al escuchar mi comentario, él me miró con incredulidad cómo si dijera: "Si tú lo dices". Después de un corto silencio, se presentó y me dijo que su nombre es Leopoldo Torre Nilsson. Como simple estudiante, me encontraba conversando con el director de la película. Luego, dirigió un una mirada de amor a la señora pálida de cabello negro y me dijo que era su querida esposa, Beatriz Guido. Me dijo que la amaba. Sin embargo, ella parecía distraida y ausente. Nunca lo miró ni le dirigió siquiera la palabra. Era como si él no existiera. Su actitud hacia él me resultó algo extraña. Después de esa noche, no volví a encontrarme con Torre Nilsson, a pesar de que asistí todas las noches noches al anfiteatro mientras duró el ciclo de cine dedicado a su obra. Me hubiera gustado haberle hecho algún comentario sobre su película basada en "Martin Fierro". He contado esta historia muchas veces a lo largo de los años, pero quizás no lo cuente más. Al menos no podré contarla como antes. Hace dos días, un viernes por la noche, decidí buscar en la Internet información sobre Torre Nilsson y me encontré con pequeño dato, que en otro contexto hubiese resultado trivial pero que en ese momento me resultó impactante. El dato es: Leopoldo Torre Nilsson (Argentina, 1924-1978). Esto significa que yo lo conocí o creí conocerlo unos cuatro años después de su muerte. ¿Entonces nunca lo conocí? ¿Todo el suceso, todos mis recuerdos fueron fruto de mi imaginación? ¿Existe un tipo de"lapsus mentis" invertido en el que no se suprimen recuerdos, sino que se crean sucesos ficticios en la memoria? ¿Por qué recuerdo, después de casi cuarenta años, una mirada de amor de esposo hacia su esposa? Una mirada que obviamente, jamás observé. ¿Tendré que desconfiar de mis propios recuerdos de ahora en adelante? Por último, quiero mencionar que encontré fotos de la época donde se reseña la visita que hizo la novelista y guionista de cine argentina Beatriz Guido a la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Eso si que no fue fruto de mi imaginación.

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