Cuando tenía aproximadamente ocho años, recuerdo una noche en la que mi padre trajo a mi casa una gran cartulina blanca para que yo dibujara en ella la casa de sus sueños. Fue un gesto inusual encargarle a un niñito tan pequeño una tarea tan importante, pero creo mi padre, con su sabiduría acumulada a lo largo de los años, pensó que un niñito apasionado por el dibujo podía plasmar mejor que nadie sus ideas, por más peculiares que fueran.
Cada detalle de lo que mi padre me pidió que diseñara en esa cartulina blanca sigue fresco en mi mente hasta hoy. La casa debía ser amplia, con dos niveles conectados por una hermosa escalera circular en el interior. También debía tener techos altos, tragaluces y una gran terraza que rodeara la casa, donde los futuros nietos pudieran corretear y saltar. Además, los jardines colgantes llenos de flores debían adornar el balcón.
Desafortunadamente, aquel plano nunca se hizo realidad. El maestro de obra le dijo a mi papá que era imposible de construir y, peor aún, lo calificó de "ridículo". Según él, las escaleras debían ser funcionales y no bonitas, las terrazas no estaban destinadas a ser lugares de juegos para los nietos y los jardines colgantes solo atraerían insectos y alimañas.
Creo que todos tenemos guardado en algún rincón olvidado nuestro propio plano en una cartulina blanca. Todos llevamos en lo más profundo de nuestro corazón un diseño absurdo, imposible y ridículo, porque de alguna manera intuimos que esa cartulina blanca representa nuestro tesoro más valioso.
He escrito esta historia de manera rápida y sun pausas, dirigida al soñador que lleva dentro ideas hermosamente ridículas y que seguramente está leyendo esto en este preciso momento.
Dido Elizabeth Belle (1761-1804) nació como esclava en las Indias Occidentales Británicas, hija de una esclava africana llamada Maria Belle y el capitán John Lindsay, un oficial naval británico. Lindsay la llevó a Inglaterra en 1765 y la confió a su tío, el conde de Mansfield, y su esposa, para que la criaran. Dido fue educada y criada como una mujer noble en Kenwood House, Londres, junto a su prima Elizabeth Murray. A pesar de su origen como esclava, Dido fue tratada con cariño por los Murray y se le brindó una educación adecuada. A medida que crecía, asumió responsabilidades en la propiedad, como administrar la lechería y el corral de aves, y también ayudaba a su tío en la correspondencia. Su tío, Lord Mansfield, como Lord Jefe de Justicia, dictaminó en 1772 que la esclavitud no tenía precedente en la ley común de Inglaterra y no estaba autorizada por las leyes positivas. Aunque esto no condujo a la abolición inmediata de la esclavitud, fue un paso significativo en ese sentido y ...

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